Si hay una melodía que caracterice a Portugal, ésta es la del fado. A pesar de sus variantes y de sus diferentes evoluciones, se basa en un sonido reconocido a nivel internacional y aspira a obtener la categoría las de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, adjudicada por la UNESCO.
Historia del fado
Debido a su origen bohemio y pobre, la Iglesia no lo aprobó, aunque con su extensión a la aristocracia, la institución religiosa dejó de poner trabas a su evolución. Desde entonces, su importancia en la vida cultural portuguesa fue creciendo hasta convertirse en un símbolo nacional.
A pesar de sus raíces populares, durante varias décadas, los fadistas que quisieran actuar en una casa de fado debían acreditar su condición de tales, así como someter su repertorio al examen de la censura. Sin embargo, vuelve a adquirir la categoría de “voz del pueblo” el 25 de abril de 1974, cuando el fado Grândola, vila morena marcó el inicio de la Revolución de los Claveles, que terminó con la dictadura salazarista.
El concepto clave en el fado es la saudade, término portugués que etimológicamente designa a la soledad, pero también a la tristeza, la melancolía y a la añoranza. El fado es, desde su origen, fatalista y melancólico, pero a la vez es de una belleza inigualable. Las voces de los fadistas y el acompañamiento de la guitarra clásica y de la portuguesa hacen de las casas de fado algunos de los lugares más concurridos de la capital lusa.
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