
Belém es una de las parroquias en las que se divide la capital lusa. Está íntimamente ligada a la Era de los Descubrimientos, cuando Portugal comenzó a forjar su imperio y, por ello, cuenta con varios edificios civiles cuya factura es buen reflejo de la sociedad de la época, además de construcciones religiosas y militares que hacen las delicias de los aficionados a la Historia.
Monumento a los Descrubrimientos
Siguiendo la costa fluvial desde Lisboa hacia Belém, el primer monumento que encontramos es el dedicado a los Descubrimientos. Erigido originalmente por el régimen de Salazar, se retiró en 1958, para inaugurar dos años más tarde la réplica actual, en el marco de la conmemoración del quinto centenario de la muerte del Infante Don Enrique.
En él se rinde homenaje a los monarcas, navegantes y cartógrafos que facilitaron la presencia de Portugal en las rutas comerciales marítimas. Se puede acceder a su interior, en el que un ascensor nos lleva a su parte superior para poder admirar el paisaje lisboeta a 50 metros de altura.
Torre de Belem
En su origen, esta torre fue un baluarte militar desde el que se defendía la entrada por mar a Lisboa, además de servir como aduana, ya que en ella se recaudaban los impuestos correspondientes para poder continuar el viaje hasta la ciudad. Auqnue en su inicio se situaba en un islote rocoso, con el paso de los siglos se terminó uniendo a la costa debido a la sedimentación del río Tajo. Edificada según el estilo manuelino, combina elementos del gótico con ornamentos simbólicos procedentes de los más diversos orígenes lo cual, unido a su destacado papel histórico, le hizo obtener la calificación de Patrimonio de la Humanidad en 1983.
Monasterio de los Jerónimos
El regreso de Vasco de Gama de su viaje a la India fue el motivo que impulsó al rey Manuel I a construir un monasterio en el lugar en que se encontraba la ermita donde el famoso navegante y su tripulación pasaron la noche de oración antes de iniciar la travesía. Este hecho, además de su financiación a través de los impuestos aplicados a las especias procedentes de las colonias, lo vinculan estrechamente a la Era de los Descubrimientos, aunque su construcción se prolongó hasta el siglo XX.
Al igual que la Torre de Belem, se incluye en el estilo manuelino y muchos expertos lo consideran el máximo exponente del mismo. La iglesia alberga las tumbas de varios miembros de la realeza portuguesa, de Vasco de Gama y de Luis de Camoes, mientras que en un anexo del siglo XIX está el de Museo de Arqueología y en el ala oeste se encuentra el Museo de la Marina. En 2007, el Monasterio fue escenario de uno de los hitos de la Unión Europea, ya que en él se firmó el Tratado de Lisboa, por el que se reformaron varios aspectos de la política comunitaria.
Pastelería de Belem
El Monasterio de los Jerónimos fue, durante varias décadas, el lugar en el que se elaboraban los pastéis de Belém, uno de los postres más característicos de la gastronomía portuguesa. Cuando los monjes fueron expulsados del monasterio, debido a la revolución liberal de 1820, la receta pasó a un empresario, que fundó la Casa Pastéis de Belém. Desde entonces, el proceso de elaboración se mantiene inalterable y en secreto, de ahí su sabor único. Se fabrican con crema y hojaldre, con azúcar y canela espolvoreadas, y se pueden consumir tanto en frío como en caliente.
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